Jugar con barro

martes, 4 de marzo de 2008

 

Tomas un pedazo de barro, pella le dicen los que saben, y la empiezas a amasar. La sensación del barro fresco reanima tus sentidos. Hay que sacarle el aire, al contrario de lo que haces cuando amasas harina para pan, aquí, hay que asegurarse que no haya más burbujas.

Ya que está amasado lo pones, de un golpe, en el centro del torno. Lo prendes y con el pie empiezas a acelerar, “más rápido” dice la voz de mi maestra en la cabeza y presiono más el pie. Te humedeces las manos y presionas desde la base para subir y empezar a centrar. El barro húmedo cede a tu presión, sube, y luego lo bajas con el costado de la mano. Sigues repitiendo esta operación hasta que logras centrarlo, puedes cerrar los ojos y sentir que pasa redondo entre tus manos.

Metes el dedo gordo en el agua y luego en la superficie del barro, suave pero con certeza. Abres el barro en el centro exacto. Cualquier titubeo puede desequilibrar la pieza, dicen que el barro es como la vida. Una vez agujerado hasta la profundidad necesaria para que no quede mucho barro abajo, jalas con los cuatro dedos de la mano derecha para abrir hasta el ancho que desees. “Cuida que el piso quede perfectamente plano” dice la voz de mi otro maestro.

Ahora es momento de empezar a subir. Presionas con el dedo índice de la mano derecha la parte exterior de la pieza, detienes con el mismo dedo de la mano izquierda. El reto es subir desde la parte más baja para lograr una pieza uniforme y lograr un equilibrio entre la parte externa y la interna, como decía, igual que en la vida, hay que encontrar el equilibrio entre lo que está afuera y dentro de ti. Si lo logras obtendrás un cilindro perfecto.

Ya que tienes esta pieza perfecta, la puedes doblar con las manos para modelar de otra forma. Parece absurdo después de tantos intentos para llegar al cilindro perfecto, el que estés dispuesta a deformarlo. Y al final, sabes que la magia del barro está en darle formas no imaginadas. Un amigo ceramista cuando le dicen que tiene buena imaginación dice que en realidad es porque no tiene imaginación que hace las cosas: las necesita hacer para verlas.

Una vez terminada la forma hay que esperar que se oree. Otro día habrá que retornear la parte de abajo, y podrás dibujar en las paredes. Luego habrá que pasarlo por el horno de sancocho, dicen los que saben, que es un horno de baja temperatura. Luego podrás ponerle colores y esmaltarlo. Otra pasada por el horno, ahora de alta temperatura y terminas la transformación del barro, eso que empezó como una pella húmeda y cruda.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

A la entrada de un pequeño museo provincial se exponían a ambos lados de la puerta de entrada dos ánforas romanas.
De esas que se utilizaban para el transporte de aceite y vino entre la Hispania y la gran urbe romana.
No puede evitar la tentación de pasar la mano desde su cuello de cisne,bajando por su curvilíneo talle hasta dejar atrás su panza.
¿experimente la misma sensación que el antiguo alfarero que la confecciono?
Terra sigilata creo que la llamaban,una arcilla roja preciosa...me dejo su rastro en la mano.

Tu vaso se me "antoja"
tremendamente erótico.Tal vez...porque no pretendistes que fuera así.

Un saludo;Jano


(Soy muy torpe,puse este comentario en una entrada que no correspondía...por eso está duplicado)

Sylvana dijo...

Jano,

No te preocupes por poner el comentario dos veces, lo puedes poner todas las veces que quieras, y no por eso eres torpe.

Creo que cuando pasate tu mano por el cuello de la arcilla roja sentiste lo que el alfarero quiso transmitir.

Dicen que tornear es sensual, tal vez por eso se te "antoja" erótico mi simple cilindro.

TOROSALVAJE dijo...

Tenía un amigo que trabajaba la cerámica, a veces me quedaba absorto viéndole trabajar, crear la belleza desde la tierra.

Es un arte y una profesión a la vez.

Besos.

Marcelo dijo...

Agradecerte tu visita a mi orilla y los comentarios allí dejados.

Me pierdo unos instantes en la tuya, atraído por un más que sugerente título...

Besos de luna llena.

Tomás dijo...

EL ALFARERO

Todo tu cuerpo tiene
copa o dulzura destinada a mí.

Cuando subo la mano
encuentro en cada sitio una paloma
que me buscaba, como
si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias manos de alfarero.

Tus rodillas, tus senos,
tu cintura
faltan en mí como en el hueco
de una tierra sedienta
de la que desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos, como un solo río,
como una sola arena.

PABLO NERUDA

un abrazo

Sylvana dijo...

Tomás:

Lindo poema. Gracias por dejarlo aqui.

Un abrazo