Confesiones a la luz de un café caliente

viernes, 15 de febrero de 2008

 

De mí se puede decir:

… que soy neurótica, y lo soy, especialmente en lo que se refiere a la forma de preparar el café de las mañanas y al no dejar que nada lo interrumpa, mas que una plática interna o con buenos amigos.

… que me gustan los días lluviosos y fríos, pero sé disfrutar de los días soleados en la playa o el mar.

… que no me gusta levantarme temprano ni correr, pero me levanto tres o cuatro veces por semana y al regresar me siento feliz de haber corrido.

… que disfruto la soledad más que cualquier otra cosa, y sin embargo prefiero la compañía de buenos amigos especialmente si hay un buen café o algo de tinto.

… que me gusta el viento sobre todo si estoy en un velero en el Mediterráneo o el Mar de Cortés.

… que amo la literatura, las letras y las palabras, también que puedo pasar una tarde entera sin levantarme del sillón en que estoy leyendo una novela.

… que cotidianamente me cuido el peso, pero nunca dejo de comer algo que me gusta o de probar aquéllo que no he comido.

… que me gusta ver las estrellas, aunque sólo reconozca a Orion y a Polaris sin la ayuda de una guía.

De mí puedes decir que me quiero enamorar para siempre, pero que amaré (como dice un buen amigo) sólo mientras dure.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Leches, creo que no se ha guardado mi comentario, por si acaso te lo vuelvo a decir, que me gusta todo lo que te gusta, que disfruto leyéndote y que esa última frase "amaré sólo mientras dure" me parece muy sabia.

Besos

Máximo Ballester dijo...

Es mi primera visita y asisto a una buena presentación de tu parte. Me alegro. Me ha gustado. Comparto muchos de tus gustos.

Gracias por tus visitas.

Un abrazo.

TOROSALVAJE dijo...

Coincido en los días lluviosos, la playa, el mar, las estrellas, leer y amar.

Besos.

Ricardo Arce dijo...

Apuesto mi vida a que la noche muere cuando salga Aurora desde unos senos tartamudos.

Viagra Online dijo...

La tradición de la Iglesia toma normalmente la afirmación de los apóstoles de Jesús, según la cual Éste les había dado poder para perdonar los pecados en nombre de Dios. Los sucesores de los apóstoles escribieron que éstos les habían transmitido dicha facultad —entre otras—. Como mayor referencia, se lee en el Evangelio según san Juan:
Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Juan 20, 23

Así mismo, reafirma este mandato con el pasaje del noveno capítulo del Evangelio según san Mateo:
Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados dice entonces al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
Mateo 9, 6-7

La confesión misma también está indicada en la Epístola de Santiago, en su capítulo 5:
Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.
Santiago 5, 16

En el protestantismo se niegan a la necesidad de un ministro para el perdón de los pecados, para ellos el perdón se solicita directamente a la persona ofendida, si esta es Dios, debe ser como Jesús lo enseñó en el Padre Nuestro, debe pedirse en una parte de la oración diaria:
Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos han ofendido.
Mateo 6, 12

Para ellos, muchos van a aceptar a Dios y a saber que existe, pero pocos serán los que lleguen a amarle de todo su corazón:
Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos.
Mateo 22, 14

Estos pocos escogidos recibirían el Espirítu Santo, y quien lo recibe tiene un cambio en su forma de ser, pues empiezan a fluir los frutos del Espíritu. Por sus frutos los conoceréis:
En cambio, el Espíritu da frutos de: amor, alegría y paz; de paciencia, amabilidad y bondad; de fidelidad, humildad y dominio propio.
Gálatas 5, 22-23

Cuando un creyente lo recibe, tienen el poder de retener o perdonar el pecado de otra persona y atarlo en los cielos:
Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Juan 20, 23

La condición para perdonar es que exista arrepentimiento, o sea, que tenga un cambio de actitud.
Si tu hermano te ofende, repréndele; pero si cambia de actitud, perdónale.
Lucas 17, 3

Se interpreta como: "Si peca contra ti retiene su pecado, pero si cambia de actitud, perdónale",

Si alguien se acerca arrepentido pidiendo perdón, la ordenanza de Jesús es perdonar siempre:
pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará el mal que vosotros hacéis.
Mateo 6, 15

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