A manera de inicio

viernes, 8 de febrero de 2008

 

“Es hora de irme de este espacio que compartimos. No quiero seguir viviendo entre estas paredes que retienen risas y gemidos por igual” le dije, abrí la puerta y antes de cerrarla añadí “no vengas tras de mi”. Tal vez esto último no lo dije. Hubiera querido ser más dramática y definitva, articular algo como Sabina “este nunca no esconde un ojalá”. No hubo más palabras, tuvo que bastar con la actitud.

Es así como llegué a este sitio que he ido haciendo mío. Me gustan los espacios vacíos, sentir que los voy reclamando poco a poco. Me gusta el colchón en el piso, el único cuadro en una de las paredes de la estancia, y sólo tres tazas y dos platos en la cocina.

Lo único que traje conmigo son mis libros. Algunos aún están en cajas, aunque la mayor parte las he ido abriendo, siento que se asfixian. O soy yo la que muero sin tenerlos a la mano.

Recuerdo que una vez vi la foto de una recámara en una revista de diseño de interiores y pensé esa es la recámara que yo quiero: la cama rodeada de libros. Ahora es la habitación en que vivo: los libros se han ido apilando en montones de 3 ó 5, algunos en pilas más altas, y un día decidí mover el colchón al centro de la habitación.

Los fines de semana paso la mayor parte del tiempo en leer o ir al cine. Estos días he decidido sólo ver a la gente que me apetece, olvidarme de compromisos y obligaciones. En las noches me gusta pasar largos ratos con la luz apagada, viendo como entran las luces de afuera y forman figuras o asomándome a la calle desde el balcón.

El otro día me compré un caleidoscopio en el tianguis. No es de los que tienen figuritas de colores, sino tiene una esfera de vidrio y através de ésta se ven los objetos multiplicados y fraccionados. Me gusta usarlo para ver a hacia la calle. Hoy mientras jugaba con él, vi que me miraban del edificio de enfrente. Era un hombre joven, con cabello hasta los hombros, usaba lentes. Sé que me vio verlo y no se perturbó. Me gusta que me sostengan la vista aunque sea a distancia.

2 comentarios:

Adrian. dijo...

conocí mujeres de nombres casi, casi inextinguibles.
un delicia.

Adrian. dijo...

*una